
Introducción:
En mi juventud intentaba entender un poco cuál era la forma correcta de pedirle a Dios cosas, pero en ese proceso de aprendizaje cometí muchos errores que me llevaron a diferentes experiencias de vida, en las que me di cuenta algunas veces de forma divertida y otras no tanto de los muchos errores.
Veamos lo que hacen las tormentas a nuestra vida.
I. Las tormentas nos hacen remar contra viento sin frutos aparentes. (Marcos 6:48)
¿No te ha pasado que en muchas ocasiones en la vida has sentido como que te esfuerzas, te esfuerzas, te esfuerzas y que es como que estuvieras en el mismo lugar o peor aun que has retrocedido?
La biblia nos relata que los discípulos pasaron una experiencia similar en la cual Jesús aprovecho para enseñarles algo muy muy importante en sus vidas.
Dice la Escritura que Jesús había enviado a los discípulos mar adentro mientras el despedía a la multitud y luego iba a orar.
II. Las tormentas (problemas) nos hacen olvidar que Cristo debe ir adelante. (Marcos 6:48)
Dice el versículo 48 que Jesús se les quería “Adelantar”
Es en estos momentos cuando nos damos cuenta que hemos tratado de caminar muchas veces la vida tratando de adelantarnos a los propósitos de Dios, acelerando procesos y que la impaciencia nos ha ganado.
Todos queremos ver frutos pronto, respuestas en el momento preciso desde nuestra óptica, pero pocas veces comprendemos que es lo que Dios está planeando cuando nos hace permanecer horas, días, meses, años en medio de vientos dolorosos, difíciles, que no nos permiten avanzar y aún pareciera que nos terminaran ahogando.
III. Las tormentas nos hacen perder la calma. (Marcos 6:49-50)
Muchos en la vida hemos llegado a ese punto clave donde perdemos la paz, la confianza, la seguridad de que todo saldrá bien.
Es en estos momentos donde pareciera que gritar, llorar y asustarnos es lo único que podemos hacer en medio de las circunstancias que estamos pasando.
IV. Las tormentas nos hacen olvidar nuestra fe. (Marcos 4:35-41)
La Duda había entrado a su corazón, la semilla de la duda, cosecha Temor, Miedo, Inseguridad.
Dice su palabra: “…Porque no les he dado espíritu de Temor, sino de Amor, Poder y dominio propio…” (2 Timoteo 1:7)
V. La tormenta nos hace olvidar quien está en la barca. (Marcos 4:38)
El lago de Galilea era famoso por sus tempestades. Se producían inesperadamente y tan de pronto que sorprendían y aterraban a cualquiera. No obstante había un pequeño detalle que los discípulos habían olvidado. “NINGUNA BARCA DONDE JESÚS ESTE DESCANSANDO LLEGARÁ A HUNDIRSE” NUNCA LO OLVIDES.
Conclusión:
No temas tu barca no se hundirá.
No pierdas la fe, que Dios está a punto de alcanzarte en medio de tu tormenta.
No te espantes cuando la respuesta llegue por difícil que sea creer que es ÉL.
Un padre andaba construyendo una casa y le pidió a su hijo que le ayudara.-Hijo, tráeme aquellas piedras grandes para que yo pueda seguir edificando -le dijo.
El hijo fue a cumplir con lo ordenado por su padre. Intentó levantar las piedras pero no pudo con ninguna. Volvió a donde estaba el padre y le informó de que no podía con aquellas piedras.
El padre le insistió, diciéndole: -Hijo, prueba con todas tus fuerzas y verás que sí puedes.
-Padre, ya lo he intentado, lo hice con todas mis ganas y no pude -respondió el muchacho.
-Inténtalo otra vez -insistió el padre-, pero hazlo con todas tus fuerzas.
El hijo, obediente, volvió al lugar donde se hallaban las piedras y probó con una, pero no pudo, probó con otra, y sucedió lo mismo. Regresó y le dijo al padre lo que había sucedido:
-Padre, -dijo con lágrimas en los ojos-, probé con todas mis fuerzas y no pude levantarlas. ¡Lo siento, pero no puedo!
-Hijo -respondió el padre-, yo te dije que probaras con todas tus fuerzas. Todas tus fuerzas son las tuyas más las mías y todavía no me has pedido que te ayude.
Frecuentemente nos pasa esto con los desafíos de la vida y frente a las tareas que tenemos delante. Decimos que no podemos.
El Señor insiste, diciéndonos que probemos con todas nuestras fuerzas, que son las nuestras más las de Dios, pero nunca las solicitamos aunque están a nuestra disposición.